La lucha femenina
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Mientras el mundo celebra hoy el Día Internacional de la Mujer, Colombia recuerda que el camino hacia la igualdad femenina ha sido largo y difícil: hace 56 años se instauró el voto femenino y hace 77 años empezó su hoy masivo acceso a la educación superior. El panorama actual para la mujer latinoamericana, solo dos generaciones después, ha dado un giro de 180 grados si consideramos que tres de los cinco países más desarrollados de la región -Argentina, Chile y Costa Rica- están gobernados por mujeres y que, en el sector privado, el 36 por ciento de las 100 mayores empresas tiene mujeres en sus juntas directivas.
El progreso educativo es asimismo innegable: en el país, por cada cinco mujeres con un diploma universitario, sólo hay cuatro hombres que han alcanzado el mismo nivel. Estos avances, sin embargo, traen consigo nuevos retos frente a la equidad salarial: igual remuneración por igual trabajo. Si bien un cuerpo de leyes, en Colombia y el resto de la región, protege a la mujer y estipula condiciones mínimas de equidad, a la hora del ascenso laboral, los "techos de cristal" se mantienen: tan solo el 5,1 por ciento de los presidentes de las 100 compañías más grandes de América Latina son mujeres.
El panorama en materia política es también agridulce. La Ley 581 de 2000 -llamada ley de cuotas- establece en Colombia una presencia mínima de 30 por ciento de mujeres en cargos directivos del Estado. Además, ha sido notable el liderazgo de miembros femeninos del gabinete presidencial en distintas carteras durante la administración Uribe. No obstante, es inocultable el modesto porcentaje de mujeres parlamentarias en el Congreso de la República: en el Senado, con un 15 por ciento, y un 11,5 por ciento en la Cámara de Representantes. Lejos estamos de países como Ruanda, el cual ostenta un 49 por ciento de mujeres en la rama legislativa o Finlandia, con un 40 por ciento.
A pesar de esos porcentajes minoritarios, unas 400 mujeres, de un total de 2.481 candidatos, hoy aspiran al Senado y la Cámara. Buena parte del éxito de una mayor participación femenina en política es tanto la injerencia directa en las cúpulas de los partidos como la promoción directa de mujeres líderes a las distintas instancias de representación. El reto de cerrar la brecha entre las mujeres nombradas y las elegidas por voto es grande y la primera prueba de fuego serán los resultados de las elecciones del próximo domingo.
Ahora que el mundo busca recuperarse del colapso económico, quedó claro que en Colombia no hubo distingos de género en las filas de las víctimas de la crisis. De hecho, las más recientes cifras de desempleo del Dane de diciembre del año pasado revelan que la tasa de desocupación femenina es 11,6 por ciento más alta que el indicador masculino. Asimismo, la desigualdad salarial -de un 14 por ciento en mujeres mayores de 25 años- persiste.
En materia de derechos sexuales y reproductivos, la disminución de las tasas de natalidad en las últimas décadas ha jugado a favor de la mujer, aunque podrían ser más bajas. El acceso a métodos anticonceptivos en América Latina les ha abierto una puerta laboral a las mujeres que buscan la autonomía económica. Lo que se ha convertido en una triste constante es la violencia familiar contra el género femenino: según cifras de Medicina Legal, de los 50.058 casos de violencia conyugal reportados entre enero y septiembre del 2009, 88 por ciento de las víctimas fueron mujeres.
Las mujeres han superado duras pruebas a lo largo del último siglo. Los esfuerzos -que involucran al Gobierno, las empresas y las mismas mujeres- deben concentrarse en que el 8 de marzo se convierta en un día en el que se celebren los derechos alcanzados y no las injusticias imperantes.
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