Política para principiantes
| Columnistas - Stella Rincón Castiblanco |
Todos conocemos a alguien que no vota, todos conocemos a alguien que vota por quien le promete un “puesto” para un familiar, todos conocemos a alguien que vota por alguien que en el día previo a las elecciones le ofrece “amablemente” un tamal o una teja; todos conocemos a alguien que vota de acuerdo a la instrucción de un familiar, del jefe o de un amigo; estas prácticas que resultan algunas ingenuas y otras corruptas nos son más que la evidencia de una “política pasiva”, una renuncia al deber ser cuando se es parte de una sociedad.
Según Aristóteles “el hombre es por excelencia un ser político”, lo que significa un ser que opina que participa y que acuerda, entonces; en qué momento más del 50% de los Colombianos hemos perdido esa parte esencial de nuestra naturaleza y simplemente no nos apropiamos de la responsabilidad que tenemos sobre el destino de nuestro país, sobre las decisiones que han de afectar a nuestros hijos, o simplemente sobre el cómo nos relacionaremos con los demás grupos sociales durante los próximos años.
Un abstencionista que no se interesa, que se ha resignado a que el poder es para unos pocos que deciden entre ellos y que se reparten la torta entre ellos y a que “gane el que gane de todas formas nos toca trabajar” es un obstáculo para el avance de la sociedad, porque le ha entregado su poder de decisión a esos mismos contra quienes intentan protestar haciendo oídos sordos a las temáticas en juego.
Por otra parte están los vende-votos, estos si son un peligro, no solo porque venden su conciencia, sino porque se la venden justo al más corrupto de los jugadores, los honestos no compran votos; lo más preocupante es la escasa capacidad de estas personas para analizar sobre lo que se pueda esperar a nivel personal o a nivel familiar de quien compra su voto, son personas que no alcanzan a ver que si hoy reciben veinte mil pesos mañana les podrán robar todo un año de trabajo, o los recursos que les corresponden para trabajar la tierra, o la posibilidad de acceder a un cupo de estudio o un trabajo, ya que, los “compra votos” llegan al poder con necesidad de recuperar y multiplicar su inversión, por lo cual venderán al mejor postor todo lo que les pertenece a sus votantes.
Finalmente están quienes ejercen su derecho, libremente pero desinformados, medio informados o deliberadamente mal informados, estas personas suelen tomar partido por uno u otro candidato, de acuerdo con el impacto que este tenga en los medios, la aprobación que haya obtenido en un sector determinado, por verdades a medias dichas con un cálido acento paisa, por ejemplo. En este grupo se corre el peligro de poner en la misma balanza la capacidad para sonreír a la cámara en un debate televisivo y las decisiones que se puedan tomar en torno a las vidas humanas, entre otros temas; se corre el riesgo de que su decisión sea definida por la postura de un líder religioso empresarial o social, por ser estos quienes de alguna forma orientan los comportamientos y las interpretaciones de las propuestas.
Así las cosas, la participación democrática libre y abierta en nuestro país podría reducirse a un 20% de personas que tenemos la inmensa responsabilidad de orientar actuaciones políticas que resulten de la combinación de criterios individuales y a la valoración de las propuestas, pasando por la priorización de nuestras propias expectativas; y que no encontraremos un candidato que reúna en una sola propuesta todos las posturas que cada uno de los Colombianos esperamos apoyar.
Es pues un reto para quienes creemos que la columna vertebral de la democracia es la participación; es un reto digo, ejecutar una especie de “rituales de iniciación en política“; en los que pongamos al alcance de todos la discusión sobre los aspectos en que debemos decidir, eso sí, sin hacer avanzadas hacia la discusión sobre cómo se comportarán los indicadores económicos como la balanza comercial en caso de que la bolsa de Nueva York vuelva a tener un martes negro, NO SEÑORES!, esta es la forma de mantenerlos alejados, y nadie va a decidir su participación si se siente humillado.
Propongo entonces una alianza general que nos lleve a prepararnos en el cómo, cómo informarse, cómo decidir, cómo valorar y porque no; cómo pensar (refiriéndonos al proceso y no al resultado). La recuperación de la tesis Aristotélica de hacer de cada Colombiano un ser político nos habrá de llevar por fin a un nuevo estadio de relaciones y gobierno.
“Prefiero que en la presidencia haya una buena persona con el congreso en contra, que una mala persona con un congreso complaciente”
STELLA RINCON CASTIBLANCO
Administradora de Empresas
Ms. Gestión de Instituciones Educativas
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Comentarios
Este país sería mucho mejor si nuestro voto fuera a consciencia.
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