A las gentes
| Columnistas - Manuel Azulejo de la Rosa |
A las gentes diligentes que no se detienen a responder encuestas divergentes con las que saca pecho el ladrón de turno, requisitos maquillados con intereses y metal de bolsillo.
A las gentes que descubrieron que aún hay mucho por descubrir.
A las gentes que leyeron y se dejaron leer por los libros y no de otras gentes.
A las gentes que son gente, que tienen lo importante por urgente.
A las gentes que ante el problema tienen una visión divergente.
A las gentes que saben trabajar, pero sobre todo a las gentes que aprendieron a descansar.
A las gentes que juegan y ríen con “las pequeñas gentes”.
A las gentes que por un momento, aún siendo dos, en el amo, se hacen una sola gente.
A las gentes exigentes que educan diamantes, haciéndolos más valiosos, haciéndolos gente.
A las gentes que no desaparecen a la gente, porque la gente piense, porque diga, porque la gente haga o no haga lo que le prohíban y mucho menos lo injusto que le manden sus dirigentes.
A las gentes que en el organigrama del trabajo están por debajo del gerente, a la clase emergente.
A las gentes que se dejaron atrapar por la libertad, aunque sus manos permanezcan atadas con cadenas.
A las gentes que no roban ni mienten en “el tiempo de la gente” que no compran loción astringente con el pan de la gente.
A las gentes que no explotan la fe de la gente, esa gente que vive por la gente y no de la gente.
A la gente que no mata a la gente y no a los agentes, sub-gente del fiero contingente al servicio del regente.
A las gentes indigentes que la gente bañada en finos detergentes rechaza negligente y es la tangente la vía más fácil para escapar y olvidarse del dolor de la gente.
A esa gente…
A las señoras, señores, jóvenes, niñas y niños… gentes, mi abrazo inteligente, ingente y vigente, combativo en paz y presente que nos haga por fin, gentes indulgentes.
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