Primero las Damas (Parte II)
| Columnistas - Eduard Sarmiento Hidalgo |
LEJOS DE CASA, OTRA FAMILIA
Llegué el año pasado a la ciudad de Medellín y a pesar de buscar compartir un apartamento -por simple economía-, muy posiblemente con compañeros de trabajo; “aterricé” en una familia, aún mas matriarcal y muy buena. De ésta experiencia tomo el ejemplo de dos mujeres principalmente, una de las cuales luego de un matrimonio agridulce, una separación y un desplazamiento del Urabá antioqueño, llegó un día sin saber cómo iba a ser su vida en la capital paisa. Salió adelante sola; prácticamente tiene a sus cuatro hijos profesionales y trabajando; sus estándares, su inteligencia y su filosofía de vida no le permiten conformarse con ello e indirectamente les exige más, como personas, como trabajadores, como profesionales. Ella sabe lo que ha dado por ellos y sabe que éstos tienen aún mucho que trabajar para acercarse a lo que significa casi toda una vida de “logros” familiares que ella ha forjado. La otra mujer, una abuela de 88 años; da cuenta de esas historias que vivió en su juventud, pero que se siguen escuchando en las regiones apartadas, donde parece haberse congelado el tiempo. Me cuenta que su esposo le propuso matrimonio “conquistándola” con una casa grande y un negocio próspero, pidiéndole a cambio “sólo” que tuviese los hijos que él quisiera. Obviamente ella aceptó. Hubo maltratos definitivamente pero a ella no le importó, finalmente como me dijo: “no me mató, aquí estoy viva”. Parecía que el señor tenía problemas psiquiátricos, pero como era ¿o es? normal que el hombre maltratara a sus hijos y esposa, lejos estuvo de una evaluación médica entonces. Años después, en su vejez, finalmente fue diagnosticado y medicado.
LA PRENSA
Hace un año, asistía a un Foro Femenino organizado por los Clubes de Leones en Bogotá y una de los conferencistas invitados era la Ministra de Salud del gobierno Barco. Inició su intervención contándonos apartes de los comienzos de su carrera; estudió medicina en la universidad Javeriana, carrera en la que era la única mujer inscrita. Tuvo que soportar toda su vida estudiantil la discriminación del entorno académico en el que se ventilaba que ella estaba allí para buscar marido y que una vez lo encontrara dejaría la carrera, efectivamente encontró marido; mas no dejó su profesión que la llevó hasta ser ministra de estado. Cuanto ha cambiado la participación de la mujer en la vida pública. Hoy la prensa nos acerca a esa visión pública de la mujer, la que ella nos cuenta y la que vemos de ella. Atestiguamos cada vez como la mujer se ha ganado la patente de la cancillería colombiana por ejemplo, no en vano las más exitosas representaciones de la diplomacia nacional han sido llevadas a cabo por las mujeres; a los nombres de Noemí Sanín, María Emma Mejía, Carolina Barco o Consuelo Araújo, se sumó María Ángela Holguín. Sin importar la tendencia política de donde venga la evaluación, la mayoría les reconoce un buen balance y a la última adjudican un buen comienzo. Desmitifican éstas la creencia en que la mujer es pura emotividad, destacándose en un rubro donde prima la racionalidad.
Algunas se fueron y otras nos quedan, en el ámbito colombiano mujeres de alto valor público; aguerridas como la jueza Gaona (Cuyo cobarde asesinato levantó menos reacción de los colombianos que la lechuza de Barranquilla), frenteras como Cecilia López en sus debates por Agroingreso, inspiradoras como Gloria Valencia de Castaño que se dio a la tarea de intentar culturizar al pueblo colombiano (Yo también crecí con Naturalia), tercas como Sonia Osorio y su lucha por resucitar la danza colombiana mezclándola con el ballet a pesar de sus contradictores, rectas como Gina Parody que se fue de las toldas de la U asqueada, hasta cabe nombrar a la muy conservadora y poco zipaquireña Marta Lucía Ramírez que quiso hacer política basada en los argumentos y no en los insultos que marcaron las precandidaturas azules el año pasado, la persistente Gilma Jimenez y su referendo por lo niños, etc.
Escrito por: Eduard Sarmiento Hidalgo
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